ORACIONES A LOS SANTOS

Oraciones a los santos para pedidos urgentes

ORACIONES A SANTOS

Oracion de San Alfonso Maria Ligorio

san alfonso maria de ligorio
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Oracion de San Alfonso Maria Ligorio

Oracion de San Alfonso Maria Ligorio

Abogado
Nace el 27 de septiembre de 1696, cerca de Nápoles, Italia. Fue el primogénito de 7 hermanos de una familia de Marqueses. Siendo niño es visitado por Francisco Jerónimo que profetizó: «este niño vivirá 90 años, será obispo y hará mucho bien».
Su padre, al ver la inteligencia de Alfonso piensa en hacerlo abogado. Es preparado en las más diversas cátedras, teniendo cada día sólo una hora de recreo. A los 16 años era doctor en derecho civil y canónico.
Visitaba frecuentemente el sagrario y era devoto de la Virgen.
Fue muy exitoso como abogado, ya que inspiraba confianza por su ciencia y su virtud, tenía una elocuencia persuasiva y un absoluto desinterés. Un día por un revés deja su profesión. A los 30 años es sacerdote y, tiempo después, junto con otros funda la Congregación del Santísimo Redentor (más conocidos como los redentoristas). Misionó durante 30 años. Escribió 111 libros, entre ellos Teología Moral, Práctica de los confesores, Verdad de la fe, Conformidad con la voluntad de Dios, Visitas al Santísimo sacramento, Preparación a la muerte y el más conocido es Las Glorias de María; también escribió 2000 manuscritos.
En 1762 es obispo. Murió en 1787 a los 90 años. Fue canonizado por el papa Gregorio XVI en 1839. Es doctor de la Iglesia. Se lo considera el doctor de la salvación por medio de la Virgen María.

Patrono
de Nápoles y Agrigento en Italia

Protector de los abogados, filósofos, moralistas y confesores

Identificativo principal
Mira un crucifijo en alusión al Redentor que dio nombre a su congregación; está escribiendo por su gran producción literaria y se puede ver la imagen de la Virgen del perpetuo Socorro, devoción que él difundió.

Identificativo secundario
Viste ropas propias de obispo

Fecha litúrgica: 1 de agosto

san alfonso maria de ligorio

Oracion de San Alfonso Maria Ligorio:

Oh Dios , que por medio del bienaventurado Alfonso María , tu confesor y pontífice, encendido en el celo de las almas diste a tu iglesia una nueva proble; te rogamos que enseñados por su saludable doctrina y alentados por sus ejemplos podamos llegar felizmente a Ti.
Por Jesucristo tu Hijo, Nuestro Señor.
Amén.

Luego de doce años de obispo, logra que el papa acepte su dimisión y vuelve a su Congregación, donde la encuentra en un momento de crisis: rivalidades, intrigas y ambiciones. Lo acusan de cambiar las Constituciones y es separado de la Congregación junto con otros.
A este abandono de los hombres sufre otra purificación : el abandono de Dios.
En su vida sólo ve pecados, todas sus buenas obras frente a sus ojos se vuelven abominables, tan atormentado estaba que no se atrevía a comulgar.
Se le presentaban dudas de fe a las que rechazaba diciendo : «Yo creo, Señor, yo creo; quiero vivir y morir hijo de a Iglesia». Este período de tentaciones, insomnio y dolor dura 2 años. Luego viene un período de éxtasis.

Su pensamiento
Cuando era abogado, le decía a un colega: «Amigo mío, nuestra vida es muy desgraciada; y lo peor aún es que corremos riesgo de tener mala muerte. Esta carrera no me conviene; tendré que abandonarla para asegurar la salvación de mi alma»

Quien ora se salva ciertamente, quien no ora se condena ciertamente

Jesucristo ,fundamento de nuestra esperanza
Para alcanzar la perseverancia final en el bien obrar, no debemos fiarnos, ni de nuestros propósitos ni de las promesas que hemos hecho a Dios, porque si nos apoyamos en nuestras propias fuerzas, estamos perdidos. La esperanza que abrigamos de conservar la gracia de Dios en nuestro corazón debe estribar en los méritos de Jesucristo; apoyados en su favor y ayuda, perseveremos hasta la muerte, aunque por todas partes nos veamos combatidos por los enemigos de la tierra y del infierno. A las veces nos sentiremos tan asaltados y abatidos por la tentación, que nos daremos ya por perdidos; procuremos no desalentarnos en tan ruda lucha, ni demos entrada a la desconfianza; acudamos a Jesús crucificado, y nos sostendrá para que no caigamos.
El Señor permite que hasta los santos tengan que sufrir tan deshechas tempestades y temores. San Pablo tuvo que padecer en Asia tan grandes aflicciones y angustias, que llegó a decir : «los males eran tan excesivos y tan superiores a nuestra fuerza, que nos hacían pesada la misma vida». Al declararnos con esto el Apóstol hasta dónde llegaban sus propias fuerzas, nos insinuó de paso que Dios, a veces, nos deja caer en la desolación, a fin de que tanteemos nuestra natural flaqueza y, desconfiando de nuestras fuerzas acudamos con humildad a implorar la gracia y asistencia divinas para no sucumbir.

san alfonso maria de ligorio


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